El rozar de unos dedos con tu mano y que eso te produzca un escalofrío.
Un beso en la espalda acompañado de un abrazo que te quita cualquier frío invernal.
Ese pequeño beso en los labios, tan pequeño que solo lo rocen pero que muestra mil y un sentimientos y te hace llegar al séptimo cielo.
Esa despedida con la que sueñas cada noche, en la que ves que esa persona se esfuma como el humo de un cigarro y no la ves, intentas cogerla pero no puedes y se te escapa de las manos.
Los te quiero que hacen que ardan tu corazón y hace que de tu rostro brote una sonrisa, una sonrisa que nadie puede atrapar, excepto un beso.
Que hasta el sitio más frío sea el lugar genial para abrazarlo.
Que una sonrisa sea la octava maravilla de este mundo y que pienses que es lo más bonito que vas a ver jamás en la vida.
Una idiotez que te hace ver al mejor humorista del mundo.
Mirada fija que te hace suspirar y que una pequeña parte de ti se abrace en tu interior y se quede embobada mirando, como si fuera la mejor película del mundo.
Echar de menos hasta que te duela los huesos.
¿Lo has sentido alguna vez?