De pie en un sendero con los ojos cerrados me atrevo a andar, sin ver, sin saber nada de este lugar.
Estoy escuchando como las hojas crujen bajo mis pies a cada paso que doy y las sombras se están apoderando más de mi, sigo sin ver, pero, una pequeña brisa de aire acaricia mi cara y empiezo a notar como poco a poco se está iluminando todo.
Estaba caminando por este sendero sin saber a donde ir y decidí quitarme la venda y ahí estaban, dos maravillosas sonrisas ofreciéndome sus brazos para ayudarme a llegar al final, sin nada a cambio, dándome luz en esta oscuridad que tanto me consumía.