Todo un día durmiendo, la música no para de salir por mis auriculares, por los nuevos ya que todos han muerto por utilizarlos más de lo normal.
Estoy en una muralla y detrás de ella me espera el camino fácil, pero no me apetece saltarla, prefiero mirarla sin sentido.
Grito sin gritar, para que nadie me escuche, los silencios siempre fueron la mejor sinfonía para mis oídos después de la música.
¿Para qué quiero ver la vida real si no me gusta? Prefiero inventarmela, soñador en un mundo de malditos realistas que solamente saben amargarse pensando que nada va a salir bien.
Me gustaba perseguir los sueños, hasta que estos mismo me destrozaron por completo.
Siempre me invento lo que me gustaría que ocurriese el día de mañana y siempre es bonito, me encanta como estoy, en ese escaso momento en el que pienso en mi es unos de los mejores momentos.
Fuera realidad, te odio.
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