Nos arrancamos la ropa como animales sedientos de carne.
Nos exploramos como si el terreno fuera peligroso y cada lunar es una nueva aventura.
Perdidos entre las sabanas con deseo.
Los dedos marcados en la piel, dejando huellas que quizá al día siguiente desaparezcan.
La respiración se acelera al ritmo de nuestros cuerpos.
Nos arrancamos la piel, nos mostramos, lloramos, reímos, nos enfadamos, estamos gritando al vacío y nadie nos escucha.
Dedos enredados entre la cabellera, perdidos, sin necesidad de salir de allí, dejando que pasé la noche.
Besos infinitos que bailan al son de nuestros cuerpos.
La cama nos arropa y nosotros le damos calor.
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