Allí estaba de nuevo su mano invitándome a bailar, con toda su seguridad y belleza, eligiendome a mí en particular.
Melodía que retumbaba en mis oídos causando placer, quién me diría a mí que ese momento fuera a llegar.
La pista completamente vacía, para nosotros y nadie más, vestidos de galas y con nuestros mejores zapatos, pisando fuerte para hacernos notar.
Comienza el espectáculo, dejándonos llevar, entre luces de colores y algún que otro destello especial.
Me vuelves a dar la bienvenida de esta manera tan espectacular que, realmente, ahora sé que he dejado todo mi pasado atrás.