Dos caminos, uno ya está recorrido varias veces y otro está todavía por explorar, sin saber exactamente cual es su final.
El primer camino, el ya recorrido, ya sabes su final, su principio, sus trampas y sus cosas buenas, pero lo vuelves a repetir, aunque el otro camino te llame cada vez más la atención, vuelves a repetir el camino de siempre y esta vez te sorprende, te demuestra que el final es el mismo pero que el recorrido ha cambiado.
Aún así, tienes curiosidad por recorrer el otro camino pero el primero te gusta tanto y lo tienes tan conocido que el miedo de caerte en el segundo es constante.
Estás confuso no sabes que hacer, sigues caminando por el mismo camino de siempre, aunque alguna que otra vez traspasas el frondoso bosque que separan a ambos y ves el segundo camino por partes y cada parte te va gustando cada vez más y más, es todo diferente al sitio por el que estas andando.
Hay que hacer algo, o un camino u otro, con el conocido sabes que no te lleva a ningún lado, a ningún final que te salga rentable, pero... ¿Y el desconocido?
Dos caminos y una sola persona.
La incertidumbre me supera.

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