jueves, 19 de noviembre de 2020

Truenos.

Latidos de un corazón ardiente.
Fuertes y ensordecedores, no le dejaban escuchar.
Los músculos de sus manos iban incluso al mismo compás.
Sin ser incapaz de hacerlo cesar, se tapó lo oídos, para así intentarlo parar.
Sonido que tronaba en sus tímpanos que no se iba a ir jamás.
Loco perdido sin saber ya que hacer, agarró una mano que lo hizo regresar. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

 Observa cómo van cayendo las hojas del árbol.

Como el aire azota tu cabello, dejándolo totalmente despeinado.

Gotas de lluvia que vuelven el día gris y golpean los cristales de las ventanas cerradas.

Que cada palabra que sale de tu boca está acompañada de un poco de vaho.

Despertar con un café, que te calienta las manos y el alma.

Un abrazo se vuelve el mejor abrigo.

Belleza de tonos amarillos y grises.

Las luces de colores comienzan a verse por la ciudad.

Que romántico el invierno con su frío. 

martes, 13 de octubre de 2020

Nuevo baile.

 Allí estaba de nuevo su mano invitándome a bailar, con toda su seguridad y belleza, eligiendome a mí en particular.

Melodía que retumbaba en mis oídos causando placer, quién me diría a mí que ese momento fuera a llegar.

La pista completamente vacía, para nosotros y nadie más, vestidos de galas y con nuestros mejores zapatos, pisando fuerte para hacernos notar.

Comienza el espectáculo, dejándonos llevar, entre luces de colores y algún que otro destello especial.

Me vuelves a dar la bienvenida de esta manera tan espectacular que, realmente, ahora sé que he dejado todo mi pasado atrás. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Infinito.

 Se sentó en aquel desierto sin saber nada.

El sol deslumbraba y la arena quemaba, pero aguantaba.

Consumiéndose en sus pensamientos miraba a la nada, buscando un camino que no existía, no recordaba ni dónde estaban sus anteriores pisadas, solo observaba.

Desilusión hecha tormenta de arena que al rozar su piel incluso le dañaba.

Indiferencia perseguida, ya no le importaba nada.

Sólo quería que cayese la noche para acurrucarse en la oscuridad y olvidar, ya que, sus lágrimas sus ojos secaban y no le servían para saciar su sed.

La pena le consumía y no sabía muy bien del todo que hacer.


domingo, 2 de agosto de 2020

Disfrute.

Todos los poros de la piel inundados.  
Ardiendo desde la punta del dedo pequeño del pie hasta la coronilla. 
La respiración haciendo compás con el corazón. 
Manos inquietas queriendo explorar.
Los labios secos impacientes, que acompañan con la vista la zona que quieren besar. 
Acaricias que hacen que el cuerpo se comience a erizar. 
Un suave baile comienza en la poca claridad. 
Cambiando la ropa por la piel, contacto visual.
Lucha de titanes sedientos. 
Uñas que se hunden en la profundidad de la espalda. 
Dedos enredados en el pelo, no queriendo soltar. 
Espectáculo visual privado, como si de sombras chinescas se tratara. 
Dos que se convierten en uno. 
Explosión corporal y mental que hacen que se termine el acto. 
Y de repente, vuelve la tranquilidad. 

 

martes, 28 de julio de 2020

Varias cosas.

Cómo el sonido de una roca que cae al abismo.
Cómo gotas de lluvia golpeando tu cristal.
Aquel abrazo que nunca llegaste a dar.
Ese grito que fuí incapaz de expulsar.
Corriendo ladera abajo sin poder parar, hasta que caigo y lo único que hago es rodar.
Maldita cabeza ya cansada de combatir.
Miradas sin ningún fondo, sin nada que decir, de usar y tirar.
Palabras que te hacen volar para que los hechos te vuelvan a enterrar. 
Tenemos tantas cosas que, realmente, no sabemos cuidar y aún menos cuidarnos.
Queremos subir a cimas evitando todo lo que implica escalar.

jueves, 2 de abril de 2020

Abrí cada una de mis cicatrices buscando el significado de todo aquello que había en mi interior.
El cómo, el por qué y el cuándo.
Paseando las yemas de mis dedos por cada una de estas sangrantes heridas, acariciándolas mientras el dolor se apoderaba de mi desnudo cuerpo.
Recuerdos del pasado que atormentan el presente deshaciendo futuros no muy lejanos.
Contando cada uno de ellos pasé la noche en vela, pensando como poder cerrarlas para que no volvieran a sangrar.
La piel erizada, no sé si de placer o de dolor, solo sentía como el frío del exterior se adentraba en mis entrañas y las lagrimas caían dentro de ellas intentando sanar lo sufrido.
La triste música de mis auriculares envuelve la lúgubre y sola habitación en la que me encuentro.
Llega el amanecer después de una larga noche, donde mi cabeza ha vencido la lucha una vez más, recordando como acariciabas mis cicatrices como si fuera lo más bello del mundo, pero esta vez la que las acariciaba era yo.