sábado, 28 de mayo de 2022

Teatreros.

 Entre luces de color amarillo nos acercamos a nuestro lugar. 

Entre olor a tabaco y a alguna que otra cerveza, nos sonreímos y nos adentramos para volvernos a besar como esa primera cita en la que nada iba a pasar. 

Ese día donde arreglaste mi corazón, ¿Quién me lo iba a decir? 

Que lograrías recuperar que el brillo volviera a mis ojos de nuevo, con la ilusión de ver a alguien como ese primer helado de verano que deseas todo el tiempo en tu infancia. 

Me volviste a coger de la cara, y en ese instante de silencio absoluto en la calle, juntamos nuestros labios, donde se paró todo a nuestro al rededor. 

Nuestras manos repasaban nuestro cuerpo desde las orejas hasta las caderas, suave rastro que quemaba a trasropa el deseo de los dos. 

Gritándonos de manera sorda todo lo que sentíamos en ese momento, en ese instante, tiempo después. 

Enredando mis manos en el cabello, saboreando cada parte de tus labios, derritiéndome en tus manos. 

Separándonos para volvernos a mirar una vez más, sin creernos lo afortunados que somos de volver a estar en ese lugar. 


martes, 19 de abril de 2022

 Romanticismo oculto entre miradas.

Sentimientos que se guardan en el cajón bajo llave.

Piel que se derrite con el roce de unas manos.

Planes escritos en trozos de papel perdidos.

Bailes sordos bajo la luz de las farolas.

Luces de neón, que provocan en tu cara una explosión de mil colores mientras te miro. 

Sensaciones estrafalarias, que nos hacen volar. 

Quiero que te quedes conmigo, en esta extraña oscuridad, tan cómoda que resulta hasta complicada de dejar escapar. 

Con el corazón ardiendo de deseo y felicidad, con sensación de que va a explotar.




sábado, 12 de marzo de 2022

 Entre gritos y lloros comienza el teatro. 

 Las sombras se hacen con mi cuerpo y me envuelven en la oscuridad. 

Me pesa andar y hablar. 

Me pesa hasta el ser. 

Dejándome arrastrar por las calles, como si de un títere se tratase, llegando tarde a la actuación. 

Delante de tanta gente que no ves a nadie, provocando que tus oídos ensordezcan y tu vista se nuble. 

Los pulsos se triplican y la respiración se acelera, mis manos tiemblan y aprietan.

Hundiendo las uñas en la piel que me quema completamente. 

Números que no marcan nada y a la vez son un mundo. 

Sensación continua de mareo que no me deja continuar. 

Entre gritos y lloros comienza el teatro y ya no me puedo marchar. 


jueves, 19 de noviembre de 2020

Truenos.

Latidos de un corazón ardiente.
Fuertes y ensordecedores, no le dejaban escuchar.
Los músculos de sus manos iban incluso al mismo compás.
Sin ser incapaz de hacerlo cesar, se tapó lo oídos, para así intentarlo parar.
Sonido que tronaba en sus tímpanos que no se iba a ir jamás.
Loco perdido sin saber ya que hacer, agarró una mano que lo hizo regresar. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

 Observa cómo van cayendo las hojas del árbol.

Como el aire azota tu cabello, dejándolo totalmente despeinado.

Gotas de lluvia que vuelven el día gris y golpean los cristales de las ventanas cerradas.

Que cada palabra que sale de tu boca está acompañada de un poco de vaho.

Despertar con un café, que te calienta las manos y el alma.

Un abrazo se vuelve el mejor abrigo.

Belleza de tonos amarillos y grises.

Las luces de colores comienzan a verse por la ciudad.

Que romántico el invierno con su frío. 

martes, 13 de octubre de 2020

Nuevo baile.

 Allí estaba de nuevo su mano invitándome a bailar, con toda su seguridad y belleza, eligiendome a mí en particular.

Melodía que retumbaba en mis oídos causando placer, quién me diría a mí que ese momento fuera a llegar.

La pista completamente vacía, para nosotros y nadie más, vestidos de galas y con nuestros mejores zapatos, pisando fuerte para hacernos notar.

Comienza el espectáculo, dejándonos llevar, entre luces de colores y algún que otro destello especial.

Me vuelves a dar la bienvenida de esta manera tan espectacular que, realmente, ahora sé que he dejado todo mi pasado atrás. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Infinito.

 Se sentó en aquel desierto sin saber nada.

El sol deslumbraba y la arena quemaba, pero aguantaba.

Consumiéndose en sus pensamientos miraba a la nada, buscando un camino que no existía, no recordaba ni dónde estaban sus anteriores pisadas, solo observaba.

Desilusión hecha tormenta de arena que al rozar su piel incluso le dañaba.

Indiferencia perseguida, ya no le importaba nada.

Sólo quería que cayese la noche para acurrucarse en la oscuridad y olvidar, ya que, sus lágrimas sus ojos secaban y no le servían para saciar su sed.

La pena le consumía y no sabía muy bien del todo que hacer.